09 de Octubre de 2017

Por qué y con qué deberías consumir el AOVE

El aceite de oliva vírgen extra, o también llamado AOVE (resultado de unir sus siglas), es uno de los alimentos más saludables que existen y típicos de la piropeada dieta mediterránea que utilizamos en el día a día de la cocina del Restaurante Babel.

Fundamentalmente sus beneficios se derivan del alto contenido en antioxidantes que posee. Numerosos estudios científicos han demostrado que  está compuesto en un 80% de ácido oleico, algo que actúa directamente sobre nuestros vasos sanguíneos y disminuye el riesgo a padecer enfermedades cardiovasculares.

Aunque como quizás ya sabes, existen infinidad de calidades de aceite, sin duda la más superior es la del AOVE, que básicamente es el zumo natural extraído directamente de las aceitunas tal cual. Su sabor y olor es intenso, suele desvelar cierto amargor y picor, pero su color no debe tirar necesariamente a verde para determinar su calidad, ya que existe una gran variedad de aceitunas que generan distintos tipos de aceites.

Por debajo del aceite de oliva vírgen extra se encuentra el aceite de oliva vírgen. Y más allá, los aceites de oliva a secas, que en su mayoría se componen de aceite de oliva vírgen unidos a aceites refinados, en los que la acidez máxima suele conseguirse a base de un proceso químico, y no naturalmente.

La cantidad de beneficios que aporta el AOVE  a nuestro organismos no es comparable a la de otros aceites, por eso nosotros lo escogemos como el aderezo fundamental de muchos de nuestros platos.

 

¿Sabías que si combinas el AOVE junto a determinados alimentos se multiplica naturalmente sus propiedades?

 

Si combinas AOVE y hortalizas de hoja verde, como las espinacas o acelgas, tu cuerpo absorbe luteína, que ayuda a la prevención de patologías neurodegenerativas y oncológicas.

Consumiendo tomate triturado y AOVE aumentas automáticamente los niveles de licopena en tu plasma, algo que ayuda a las células a no sufrir daños.

También hay determinadas vitaminas que el organismo asimila más fácilmente si se consumen con el AOVE. Por ejemplo, la Vitamina K (presente en verduras de hoja verde), la Vitamina E (en frutos secos, semillas y hortalizas verdes), la Vitamina D (en el atún, salmón y caballa) y la Vitamina A (que se encuentra en el maíz, el tomate y la zanahoria). 

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